Nota 3. El Sanshou (Combate)

Revista El Trainer, año 1, número 4, julio del año 2000

El Sanshou (Combate)

Antes de la revolución socialista, en China se realizaban torneos nacionales de KUNG FU, los dos últimos fueron en 1928 y 1931. Destaco el término Kung Fu, no porque fuese el utilizado en la denominación de dichos torneos, sino porque los mismos eran esencialmente de pugilato. La reglamentación era sumamente permisiva y los combates se resolvían mayoritariamente por golpes que incluían los de pies, puños, rodillas, codos y cabeza. Eran frecuentes los competidores heridos y en ciertos casos, muertos. Maozedong (Mao Tse Tung) prohibió dichas prácticas y toda competencia de combate dentro de las Artes Marciales.

En 1979, los chinos experimentan con un primer reglamento de Sanshou que, si bien no era el que actualmente se utiliza en esa modalidad, tenía con éste más similitudes que diferencias. Sin embargo, aquel reglamento no surgió espontáneamente, ni fue una creación exclusiva de los chinos. Mas bien es el resultado de una copia mala de un mal producto.

Sangre por dinero. En 1969 se realizó en Singapur la primera “Competencia Pugilística del Sudeste de Asia”. En la misma, 200 competidores pertenecientes a 18 delegaciones representativas de escuelas de Malasia, Hong Kong, Filipinas, Indonesia y Singapur, se enfrentaron durante siete noches frente a 80.000 espectadores que colmaban las instalaciones del Gey World Stadium. Se encontraban presentes veedores de la República Popular China especialmente invitados.

Cada delegación estaba integrado por doce practicantes con nivel de Instructores y un mínimo de siete años y un máximo de diez de práctica. Para alcanzar el honor de representar a su respectiva escuela, habían pasado por durísimas pruebas de preselección. Black Belt, la revista de Artes marciales mas famosa del mudo, dedicó cinco páginas a comentar dicho evento, bajo el título de “Blood for money” (sangre por dinero). En el extenso comentario encontramos conceptos como los siguientes:

“(…) la finalidad del torneo, de acuerdo a los organizadores del mismo, era que el kung fu fuera aceptado como deporte Internacional. Durante la ceremonia de apertura, el Presidente de la Asociación del Pueblo hizo un llamado a los líderes representativos de las diferentes escuelas a impulsar el desarrollo ‘(… ) de los aspectos artísticos, místicos, técnicos, deportivos y posiblemente, científicos de las Artes Marciales’. Sin embargo, los sentimientos expresados por el Presidente cayeron en oídos sordos.”

“(…) Cada combate se encontraba dividido en tres rounds de dos minutos por un minuto de descanso entre ellos. En caso de empate, se realizaba otro round que finalizaba por ‘muerte súbita’. Se otorgaban puntos a golpes de puño o patadas al pecho, costados del torso, cabeza, abdomen, espalda o muslos. Puntos extra eran otorgados si el adversario era sacado fuera del área. Se prohibían los ataques a los ojos, cuello, ingle y rodillas. Los competidores utilizaban protectores en el torso y cabeza (…). Los cabezales se asemejaban a los utilizados por los ‘umpires’ de béisbol, con una máscara protegiendo completamente la cara.”

Como se verá, aquel reglamento difería en muy poco del actualmente utilizado en las competencias de Sanshou. Continúa la nota “(…) Los espectadores y competidores no pudieron apreciar nada parecido al Kung Fu. Desde el primer encuentro vieron riñas cercanas a lo imposible, combates de tipo callejero de contacto duro.

Todo el esfuerzo de los contendientes se centraba en arrojar al adversario fuera del área en algo parecido a las locas payasadas de la lucha profesional (Catch as catch can). A causa del acento puesto en la ganancia del punto (de salida del área) y los protectores utilizados, las patadas y los golpes no tenían real efecto. (…) Los competidores solo cuidaban de no quedar enredados en el centro al comienzo del round y se envestían con violencia, empujándose mutuamente e intercambiando salvajes swings (‘zapallazos’) y patadas que eran arrojados sin la mas mínima intención de defensa o técnica apropiadas, hasta que uno o el otro era llevado hasta el límite del área y prontamente sacado fuera sin consideración por la técnica o el arte”.

“(…) Los jueces carecían de técnica para detener o controlar las peleas. Rápidamente las trifulcas comenzaron. Los competidores de filipinas se retiraron furiosos, luego de protestar por el arbitraje y el bajo nivel de los combates. Cualquiera de los presentes les daba sin duda la razón.”

“(…) A un reportero de la televisión, al finalizar uno de los pocos combates que se desarrollaron con técnicas apropiadas y buena forma, se le oyó decir: “esto no fue Kung Fu sino Karate. ¿Cómo podía él o cualquiera de los 80.000 espectadores conocer algo mejor?. Esta fue la primera oportunidad en que las Artes Marciales Chinas fueron mostradas en el sudeste de Asia públicamente y fue solo un alboroto.”

“(…) Aparentemente los organizadores y los árbitros conferenciaron al finalizar la primera noche para que estos trataran de controlar los combates durante las otras seis, pero todo continuó igual hasta el final del torneo, dando al vulgo sangre por su dinero, pero dejando a los círculos de las Artes Marciales avergonzados por la ausencia del arte del Kung Fu y la aparición de un pobre deporte .

Palabra mas, palabra menos, la nota publicada hace mas de 30 años podría utilizarse para comentar el 90% de los combates de Sanshou de los torneos actuales, con el agravante de que las diferencias del reglamento moderno con respecto al utilizado en la experiencia de Singapur, no incrementan el nivel técnico, sino que lo disminuyen. En la actualidad, la salida del adversario fuera del área, principal causa reglamentaria del desastre del ‘69, otorga no uno, sino tres puntos al que arremete, atropella y/o empuja. Para colmo, el uso de protectores jamás contribuyó (ni contribuirá) a la utilización de una buena técnica defensiva.

El combate se transforma así en una simple especulación: si un golpe recibido otorga al adversario uno o dos puntos pero expulsarlo del área vale tres, arriesgarse al golpe para poder empujar es negocio. Por otra parte todos sabemos que existen numerosas Artes Marciales en China. Las mas conocidas son las de pugilato y esgrima y las menos, de lucha. En todo Arte Marcial de pugilato existen técnicas de barrida, palanca o arroje, aunque lo fundamental es el golpe y viceversa en las de lucha. El nombre genérico para todas ellas es Wushu.

La situación no difiere de la mayoría de los países asiáticos con tradición marcial: Japón tiene formas de lucha, como el Judo, y una forma fundamental de pugilato, el Karate. También tiene un nombre genérico para sus Artes Marciales: Budo (sendero del guerrero). Sin embargo, en la década del 60 solicitaron status olímpico para el Judo y están a punto de obtenerlo para el Karate. ¿Por qué no solicitaron desde el principio, simplemente status olímpico para el Budo?. La respuesta es muy simple: los japoneses no hubieran metido a perros y gatos en una misma bolsa. Los chinos, sí.
El reglamento de Sanshou otorga tres puntos a quien logre hacer caer al adversario y se considera caída el apoyo en el suelo de algo mas, o algo diferente, que los dos pies (rodillas, manos, espalda, etc.). ¿Qué pretendían con esto los chinos?: incrementar el número de países adheridos a la Federación, acercando a aquellos que poseyeran métodos de lucha étnicos tradicionales (Turquía, Turkmenistán, Mongolia, etc.).

¿Qué lograron los chinos con el actual reglamento de Sanshou, otorgando mayores puntajes a las técnicas de lucha?. Permitir que competidores de países como los mencionados ganen los torneos sin necesidad de saber nada de pugilato.
Gracias a esto, los practicantes de sistemas de pugilato de Wushu tienen un reglamento de combate que no los representa técnicamente. Un reglamento que permite técnicas de Sumo, algo de Full Contact o Muay Thai, pero sin codazos ni rodillazos y con protectores. ¿Y el pugilato chino?. Vaya uno a saber donde quedó, pero en Sanshou seguramente no se encuentra. Los practicantes de Kung fu están condenados, en caso de aceptar ese reglamento, a sacrificar sus técnicas reemplazándolas por esa especie de Vale Tudo pero no mucho.

La culpa de esta decadencia la tienen algunos que, desde el resto del mundo del Wushu, están dispuestos a decir: “Si, señor” a todo lo que viene de China, sin la mas mínima crítica y a cambio de la sonrisa y la palmadita en la espalda. El día que, fuera de China, todos los que se encuentran comprometidos con estas disciplinas aprendan a ponerse los pantalones largos, es posible que las cosas cambien, esta vez para bien.

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