Taijiquan, como reconocer el bueno del malo

Artículo publicado en las revistas “El Trainer” y “Cinturón Negro” de Argentina

Parte I
¿Cuál es el Arte Marcial más popular del mundo? Si la popularidad se encuentra relacionada con el número de practicantes, es fácil determinarlo. No es el Karate, ni el Taekwondo, ni ninguno de los numerosos estilos de los que en occidente denominamos con el nombre genérico de Kung Fu. El Arte Marcial más practicado del mundo es, sin lugar a dudas, el Taijiquan (o Tai chi chuan, si queremos utilizar la antigua romanización). Cientos de millones de personas lo practican en China.

Pero China es la tierra natal de ese Arte, y si tenemos en cuenta que cien millones de personas representan menos del diez por ciento de la población, podemos aceptar el hecho que a escala mundial, aún, siendo el más practicado no es el más difundido.

Sin embargo, desde hace pocos años se está produciendo fuera de China, y especialmente en Europa y América lo que podríamos denominar “Taijimanía”. Es decir, que el Taijiquan “se puso de moda”. Y no utilizo ese término de manera peyorativa ya que, evidentemente, no es una de esas modas pasajeras en las que determinadas capas de una población imitan durante cierto tiempo los usos y costumbres de su artista o deportista favorito. Muy por el contrario, el Taijiquan está alcanzando la fama en occidente por méritos propios y totalmente justificados.

Sin embargo, cuando una disciplina oriental antigua y prestigiosa llega a occidente y mucha gente se interesa en ella, siempre aparecen los aventureros, que, sin ningún conocimiento o con conocimientos mínimos, se lanzan a la “enseñanza” con una finalidad eminentemente económica. En Argentina tenemos términos del argot porteño para referimos a estos personajes: son los chantas o truchos. Cuando la cantidad de chantas que se lucran con una disciplina es muy grande, ésta corre el peligro de ser desprestigiada. Y con el Taijiquan, el “trabajo” parece resultar más fácil.

Cito como ejemplo lo que me sucedió durante una exhibición y conferencia que ofrecí hace poco tiempo; cuando solicité al público que me hiciera preguntas respecto a lo visto y oído en la misma, una señora que se presentó a sí misma como “profesora de Yoga” afirmó que ella también se ejercitaba diariamente moviéndose despacio y en relax, y se sentía muy bien. Cuando le dije que eso no era “practicar Taijiquan” preguntó con gesto ofendido por qué yo afirmaba tal cosa, a lo que respondí: Porque eso sería como pretender que una gallina, por vivir en un pesebre, se transformara en vaca”.

Cuando Chen Wangting creó el Taijiquan, su principal objetivo no fue arrollar un Arte Marcial destinado sólo a la defensa personal sino, más específicamente a proteger y/o recuperar la salud. Obsérvese que este último objetivo implica la defensa personal. También es importante recordar que el concepto de salud, en la antigua China, comprendía la salud física, mental y emocional.

Para los aventureros, esta es una actividad ideal. Es un Arte Marcial que pueden enseñar “solo para la salud” sin ninguno de los riesgos que implicaría pretender lucrar con otro Arte Marcial netamente combativo. Inclusive, cuando se les pregunta si ellos enseñan a utilizar el Taijiquan para la defensa personal, suelen responder que “existe un Taijiquan marcial y uno terapéutico, y que ellos enseñan el terapéutico”. Más aún, llegan a agregar que el “Taiji” o “Táiji” (así, con acento en la á), es terapéutico, y que el Taijiquan es el Marcial. Algo tan absurdo como afirmar que existe un Aiki para la salud y un Aikido para defensa. (Aclaración: El término “Taiji” es un apócope de Taijiquan que se ha popularizado y que en estas notas podrá ser utilizado en lugar del término completo).

Cada movimiento de Taijiquan debe cumplir por sí solo con una serie de requisitos técnicos o “leyes” que determinan que es realmente de “Taijiquan”. Dichas leyes son las mismas, independientemente de la finalidad que cada practicante tenga, es decir, que los movimientos de una secuencia “marcial” serán exactamente iguales que los de una secuencia “terapéutica”. Esto significa, entre otras cosas, que el solo hecho de moverse lento y flojo no determina que se esté “haciendo Taijiquan”. Más aún, el Taijiquan no siempre es lento (a esto me referiré más adelante), y de hecho nunca es flojo. Comencemos por aclarar esto último.

A los occidentales nos resulta muy difícil comprender ciertos conceptos, y cuando los mismos deben ser aplicados a la actividad física es decir, cuando se deben vivir como experiencia personal, el problema se agudiza. Es lo que sucede por ejemplo, con el término relax. Encontrarse en un estado de relax, dista mucho de “estar flojo”. Si bien es muy difícil explicar con palabras la diferencia, podríamos decir que el relax es un estado atento, sin tensión pero cargado de intención. Flojedad, en cambio, se relaciona con flacidez, dejadez, desánimo. El estado de relax es el del gato que acecha a la presa, el resorte comprimido en una caja. El estado de flojedad es el de la gelatina apoyada sobre un plato. Uno de mis discípulos denomina Taijiflan al Taijiquan “flojo”, y creo que es el nombre justo. Los chinos lo llaman “muerto”.

El ejecutante de Taijiquan tiene la mirada vivaz, y una actitud de “estar ahí”. El de Taijiflan tiene la mirada perdida y sin vida, y sus movimientos no demuestran ningún propósito. Luego que le tocó oficiar de juez en un torneo, otro de mis discípulos comentaba que: “Evidentemente, algunos de los ejecutantes pensaban que para mostrar un gesto relajado, era necesario poner cara de “¿Quién soy, dónde estoy?”, ya que exactamente así se los veía”. De todas maneras no es culpa de ellos, sino de quien les “enseñó”.

Algo similar pasó con el término “fluidez”. La palabra misma es desacertada, y la correcta hubiera sido “continuidad”. Pero aún entre quienes utilizan esta última, no todos le asignan el mismo significado. La idea de continuidad es que una cosa siga a otra, sin estar pegada a ella, y teniendo cada una principio y final. En una serie de cosas continuas, cada una puede ser diferenciada de la otra. En un buen Taijiquan, cada técnica tiene comienzo y final, y a continuación se ejecuta la siguiente. En un “Táiji fluido”, no es posible distinguir una técnica de otra. Sólo con la finalidad de ejemplificar el concepto, diría que: esta frase tiene continuidad, y en cambio esta otra es fluida.

En el Taijiflan, la fluidez se encuentra relacionada en forma tan directa con la flojedad, que hasta se podría decir que son interdependientes. Esto se debe, a mi criterio, al absoluto desconocimiento que los “profesores” de Taijiflan tienen respecto a la aplicación marcial de cada técnica. Son incapaces de distinguir los bloqueos de los golpes, palancas o lances y, aún, cuando intentarán justificarse diciendo que “cada movimiento puede tener numerosas aplicaciones”, les sería inclusive difícil llegar a diferenciar una acción defensiva, de otra ofensiva o contra ofensiva.

Como resultado del desconocimiento de la aplicación marcial, se produce otro error en el Taijiflan, que es el que denomino (el término es mío) “acción en bloque”. En la acción en bloque, la defensa y el ataque se encuentran unificados. Obsérvese que digo se encuentran unificados, algo muy diferente de decir son simultáneos. En Taijiquan existen técnicas en que el ataque (o contraataque) es continuo de la defensa y otras (pocas), en que es simultáneo con esta: pero aún durante la simultaneidad es posible diferenciar ambos componentes de la técnica. En Taijiflan, en cambio, solo existen acciones unificadas o en bloque, lo que impide diferenciar los componentes de cada técnica. Para quienes conocen o practican Taiji (ya sea quan o flan) doy como ejemplo de técnica simultánea “Desenredar la Crin del Caballo”, y como ejemplo de técnica continua “Cepillar la Rodilla”.

Parte II
Existen dos tipos básicos de aventureros lanzados a la “enseñanza” del Taijiquan: los que aprendieron algo, (pero muy poco), y los que no aprendieron nada o casi nada.

Los primeros enseñan, por lo general, el Taijiflan o Táiji (sin el quan, y con acento en la á). Como no les alcanza, suelen mezclarlo con otras técnicas de las que, sin duda, conocen también muy poco, como es el Yoga o ciertas modalidades de psicoterapia de contacto. Es posible ver entonces en sus “clases” a los participantes haciendo hasanas de Yoga, y también “trencito” o “ronda”, extrañas prácticas en las que, tomados de la cintura en fila, o de la mano en círculo, se mueven suave y acompasadamente con los ojos cerrados.

Los otros, los que no saben nada o casi nada, han llegado al perverso extremo de intentar la difusión de un “Táiji libre”, una suerte de muévase como quiera, pero dentro de los conceptos de lentitud, flojedad y fluidez, tal como los describo en la nota anterior. Esto les permite dictar su enseñanza en carísimos seminarios de un fin de semana (ya que la cuestión no da para más). No hay que creer que estos sujetos son tan creativos como para inventar tamaña mentira. Simplemente la aprendieron de un libro que lleva por título “La esencia del Taichi”, escrito en 1978 por un chino-estadounidense llamado Al Chung Liang Huang.

Si bien en Taijiquan, cada técnica y cada movimiento es aplicable en combate, a la vez cada uno de ellos se encuentra, dentro de cada secuencia, ordenado de una manera específica para que cumplan con ciertos principios filosóficos, a saber: que exista un equilibrio entre los movimientos considerados yin y los yang, los representativos de cada uno de los denominados cinco elementos y también, simultáneamente, a uno de los ocho cambios. Estos principios filosóficos rigen las diferentes ramas de la Medicina Tradicional China, y el Taijiquan, por sus efectos terapéuticos, pertenece a una de ellas: la Gimnástica.

Los diferentes órganos y vísceras se encuentran relacionados con cada una de estas polaridades, elementos y cambios. Cuando la energía circula en ellos de una manera armónica, el individuo se encuentra saludable y cuando no, sobreviene la enfermedad. Los movimientos del Taijiquan cumplen, desde el punto de vista terapéutico, la función de mantener o recuperar esa armonía.

Es decir que en cada secuencia de Taijiquan, cada movimiento y cada técnica, contribuye al equilibrio y armonía de la totalidad de la estructura. Cuando se lo separa de la secuencia, sólo mantiene su efectividad marcial, pero pierde efectividad terapéutica, salvo que se conozca perfectamente el efecto medicinal de cada uno por separado y se lo utilice como Taiji Qigong o sea, ejercicios de Qigong basado en ciertos movimientos de Taijiquan.

La ejecución de movimientos o técnicas de Taijiquan unidos en un orden aleatorio, improvisado, anárquico o “libre”, no sólo no aportan los resultados terapéuticos benéficos de orden preventivo o curativo que producen dentro de la totalidad de la secuencia sino que, eventualmente, podría desequilibrar la energía del ejecutante predisponiéndolo a la enfermedad. Sin embargo, afortunadamente, los movimientos enseñados por estos individuos para ser ejecutados desordenadamente, no pertenecen a técnicas de Taijiquan, sino de Taijiflan, razón por la cual dudo que puedan afectar la salud de los incautos, sino sólo su bolsillo.

Chen Wanting, perteneciente a la novena generación de la familia Chen y creador del Taijiquan, sólo enseñó el Arte a sus familiares directos y luego de su muerte, durante más de un siglo se continuó con esta costumbre. Sin embargo, a partir de la 14ª generación, se aceptaron alumnos externos que con el tiempo fueron autorizados a difundir el Arte fuera de su lugar de origen, específicamente en Beijing (Peking). También para esa época se introducen los primeros cambios en la “Secuencia Antigua” (Laojia), tendentes a acortarla, evitando las repeticiones de técnicas que la habían hecho merecedora del nombre “Forma Larga” (Changshi).

La secuencia original, creada por Chen Wanting, así como aquellas modificaciones destinadas sólo a acortarla, son sumamente exigentes en el aspecto físico y en el técnico. Los movimientos pasan de suaves y lentos, a rápidos y fuertes y viceversa. Las posiciones son muy bajas y/o muy largas, lo que demanda gran esfuerzo y elasticidad en la musculatura de las piernas. El uso de los dedos de las manos en la posición denominada “techo de teja”, somete a los antebrazos a un trabajo durísimo, pues de su coordinación con los movimientos de las piernas y cintura se genera la llamada “energía espiralada”, que caracteriza este estilo y lo diferencia de sus derivados.

Por lógica, un estilo con esas características difícilmente lograría una rápida difusión, razón por la cual algunos de los discípulos de la familia Chen decidieron, durante el siglo XIX, realizar modificaciones en los movimientos tendientes a disminuir los requerimientos físicos y técnicos. Así diseñaron secuencias cuyas diferencias con la original las transformaron en verdaderos Estilos, aun cuando se mantenían dentro de las bases filosóficas que caracterizaban al Arte.

En la actualidad se reconocen cuatro Estilos básicos de Taijiquan derivados en forma directa o indirecta del Chen:

1) El Yang, diseñado por Yang Luchan y desarrollado por Yang Chenfu;

2) El Wu, diseñado por Quan You a partir del Yang;

3) El Wu diseñado por Wu Yuxiang partiendo del Chen Laojia; y

4) El Sun, diseñado por Sun Lutang sobre la base del Estilo Wu de Wu Yuxiang, unido a conceptos y teorías de Baguazhang y Xingyiquan, otros dos Artes Marciales en los que Sun Lutang era ya experto al iniciarse, a los 51 años de edad, en la práctica de Taijiquan.

Desde 1949, a partir de la Revolución Socialista, los Grandes Maestros de Taijiquan fueron convocados por las autoridades al Ministerio de la Salud del Pueblo para diseñar un programa destinado a la rápida difusión y popularización de esta disciplina. En 1951 comenzaron a publicarse manuales de instrucción de los estilos más tradicionales, destinados al soporte técnico de entrenadores.

El 1º de agosto de 1956 apareció el manual “Forma Simplificada de Taijiquan de 24 Técnicas”, una sistematización basada en el Estilo Yang de 88 técnicas. La serie simplificada, al carecer de repeticiones puede ser aprendida rápidamente y los movimientos, además de respetar los principios filosóficos en lo que respecta a estructura, se encuentran ordenados por grado de dificultad, mínimo al principio, máximo al final. Otra diferencia respecto al Yang de 88 técnicas consiste en que, en lugar de los 20 minutos o más que exige la ejecución completa de este, el Simplificado requiere no más de seis, lo que lo hace ideal para iniciarse en la práctica de este Arte.

Parte III
En el ambiente de las Artes Marciales, es posible encontrar, entre quienes enseñan, Instructores y Maestros auténticos y muchos otros falsos. En el caso de Taijiquan, siendo un Arte sumamente sofisticado y por sus muy especiales características, los falsos maestros abundan.

Respecto a los auténticos Maestros, como en cualquier otra actividad, los hay muy buenos y muy malos, y toda la gama que entre estos dos extremos existe. Es así no sólo en Occidente, sino también en China. Sin embargo, siendo este el país de origen del Arte, y debido a la enorme cantidad de practicantes y Maestros que en él existen, podemos asumir que es más fácil encontrar de los “buenos”. No obstante, no es imprescindible viajar a China para poder aprender buen Taijiquan, ni todos aquellos que lo hacen regresan transformados en buenos practicantes y/o Maestros. Varios me han dicho, intentando avalar su idoneidad, “Yo estuve en China”, y mi respuesta a eso siempre fue la misma: “Yo estuve en Brasil, y no por eso sé sambear”.

Ni siquiera el hecho de haber nacido en el país de origen de una disciplina o Arte transforma en Maestro del mismo, por ejemplo: ¿Cuántos argentinos saben bailar bien el tango?.

Para iniciarse en el aprendizaje del Taijiquan, se debe primero estar seguro de querer hacerlo. Querer, implica estar dispuesto al sacrificio que significa el estudio profundo de una actividad en la que, a diferencia de otras, se requiere una participación activa no sólo del plano físico, sino también del intelectual y el emocional. Si dicha participación no existe, no importa lo bueno que sea el maestro, pues por contagio nadie aprende. Pero una vez que esa decisión es firme, al momento de buscar un maestro, ¿es posible para un lego diferenciar un Maestro auténtico de uno falso, o uno bueno de uno malo?. La respuesta es: sí, siempre y cuando se tomen en cuenta ciertos principios básicos y parámetros de evaluación cuando se observa a quien se encuentra al frente de una clase, en especial mientras realiza sus movimientos.

En primer lugar, y remitiéndome a las notas anteriores, se debe descartar a cualquier pretendido maestro de “taijiquan libre”, aun cuando ofrezcan la atractiva posibilidad de ser “creativos” y no “esclavizarse a las formas”. En Taijiquan, la libertad deviene de la sujeción a las técnicas, estructuradas en un todo coherente. También se debe escapar de los que enseñan “estilos” desconocidos pues se trata, sin dudas, de “secuencias” inventadas por ellos mismos o por quien les enseñó (en este último caso, actuarán de buena fe). Para determinar cuándo un “estilo” es inventado, solo es necesario saber que existen cinco Estilos Tradicionales: Chen, Yang, Sun, y dos cuyo nombre chino se pronuncia Wu, aunque los ideogramas con que se escriben son totalmente diferentes. Las secuencias modernas, es decir, las sistematizadas con posterioridad a 1951 en China, se diseñaron siguiendo los lineamientos de uno o más de los estilos tradicionales.

Por supuesto, no es aconsejable tampoco elegir como maestro a quien asegura enseñar sólo Taijiquan “terapéutico” o “Táichi”, ya que con seguridad nos hallaremos frente a un cultor del Taijiflan.

Si bien es fácil identificar a los falsos maestros, es difícil diferenciar, entre los auténticos, a los buenos de los malos. Sin embargo, en razón de que deberán ser instructores de alguno/s de los cinco estilos tradicionales o sus versiones modernas, la tarea se torna menos complicada. Tres de los estilos tradicionales tienen, cada uno, diferencias técnicas bastante notables con los otros: el Chen, el Sun y el Wu “marcial”. En cuanto al Yang y el otro Wu, son parecidos entre sí pero diferentes a los otros tres. Sin embargo, los cinco tienen en común ciertas leyes de ejecución que, independientemente de lo teórico y filosófico determinan que se trata del mismo Arte Marcial.

Independientemente del Estilo, un Taijiquan bien ejecutado deberá poseer un buen balance y una postura centrada. El énfasis estará puesto en la flexibilidad y extensión de los movimientos, los que se encontrarán sincronizados con una respiración natural y profunda (es decir, diafragmática). El Ejecutante debe proyectar vitalidad, interés y una actitud alerta, que se verá reflejada principalmente en los ojos. Una mirada vacía y perdida es sólo compatible con el Taijiflan, nunca con el Taijiquan.

Una llave para apreciar la calidad de un ejecutante es observar los ángulos de su cuerpo, en especial las extremidades, durante los desplazamientos. El torso gira pero no se inclina y los brazos, en las posiciones bajas, no deben encontrarse muy cerca del cuerpo, y menos aún pegados a él. En cambio, cuando los brazos están separados a los costados, no deben formar entre sí un ángulo mayor a los 135 grados, pues si se separan más se abre el pecho, violando una de las reglas del Taijiquan que dice: “vaciar el pecho y expandir la espalda alta”. En cuanto a las piernas, si bien la amplitud y altura de las posiciones pueden variar de acuerdo a la capacidad física del ejecutante, las rodillas deberán encontrarse flexionadas, una o ambas, en todo el transcurso de la secuencia.

Parte IV
Algunas de las causas de la disminución de la calidad de la enseñanza del Taijiquan derivan, entre otras cosas, de lo que yo llamo “el síndrome del teléfono roto”. Este determina, al aprender con alguien, que lo aprendió con alguien, que a su vez lo aprendió con alguien…, etc., los derivados pueden ir diferenciándose paulatinamente del original. Que este síndrome se produzca, depende de numerosos factores entre los que se encuentran: 1) La capacidad docente de cada sucesivo instructor ligada a su propia capacidad de aprendizaje en la etapa en que fue alumno; 2) La interrupción en una etapa temprana de la relación del nuevo instructor con su maestro; 3) La vanidosa (y estúpida) idea, ligada al punto anterior, de que la imagen propia como profesor se verá menoscabada si nuestros alumnos se enteran de que aun continuamos aprendiendo. Cuando esta idea se hace presente sus consecuencias inevitables son la interrupción del desarrollo personal y la aparición de la improvisación para llenar los vacíos prácticos o teóricos que se presentan.
Obviamente, si el primero en enseñarlo lo hizo bien, no es culpable de los errores de quienes lo sucedieron. El Instructor que fue alumno durante el tiempo necesario, enseñará con fidelidad lo que aprendió. Sin embargo, son muchos los que no tienen paciencia para esperar y se lanzan a la aventura de “enseñar”, sin tener una base mínima.

Alguien que aprendió un mal Taijiquan, sea suya la culpa o de quien le enseñó, no tendrá claros los conceptos teóricos y, por supuesto, no podrá plasmarlos en la práctica. Al ver una secuencia ejecutada por alguien con ese tipo de falencias, se hace evidente la falta de equilibrio, de “enraizamiento”, de impulsos. la zona superior del cuerpo no actúa en concordancia con la inferior, y la cintura deja de ser un eje para transformarse en un ancla. Se ha demostrado históricamente que el estilo de Taijiquan original es el Chen en su secuencia Laojia (Rama o Familia Antigua), que se sigue practicando sin alteraciones en la actualidad, tal como cuando lo creó Chen Wanting hace más de 400 años, Los cuatro estilos derivados durante el siglo XIX a partir del Chen, tienen diferencias notables respecto a este:

1) Han perdido los cambios de velocidad y “fuerza”;
2) Usan en menor medida la cintura;
3) Disminuyeron al mínimo los “impulsos”;
4) Desconocen la Energía en Espiral y, por lo tanto, no la desarrollan.

En líneas generales, los estilos Yang, Sun y los dos Wu fueron intencionalmente suavizados para lograr su popularización, pues el Chen era y es sumamente dificultoso, y difícilmente se hubiera logrado su difusión masiva. Sin embargo, y a pesar de las diferencias, lo que tienen en común más que suficiente para considerarlos ramas de un Arte Marcial único.

Ahora bien, si los estilos derivados del Chen se encuentran intencionalmente suavizados, y quienes los enseñan mal, los suavizan mecánicamente aun, más, ¿Cuál es el producto final?. Independientemente de cual sea, ya no merece el nombre Taijiquan, y sus cultores lo saben. Es por eso que lo llaman Táiji y lo definen como terapéutico y no marcial.
Cuando el Taijiquan se encuentra correctamente ejecutado, independientemente del estilo, los hombros no se elevan ni contraen, y los movimientos se originan “en la raíz” (la planta de los pies), subiendo desde estos a los tobillos, las rodillas, las caderas y la cintura. Esta guía el torso que finalmente mueve los brazos. Los brazos nunca actúan solos, sino que son “arrastrados” por el resto del cuerpo, aunque evitando el movimiento “en bloque”. Una forma bien ejecutada no debe ser sólo técnica, sino también estéticamente impecable.

Además de los estilos tradicionales, en 1953 fue diseñada por orden del Ministerio de la Salud de Pueblo de la R. P. China, la Secuencia Simplificada de 24 Técnicas basada en el estilo Yang. Más Tarde se sistematizaron otras rutinas simplificadas modernas de cada uno de los estilos tradicionales. También se diseñaron rutinas de cada estilo para alta competición (Jingsai Taolu), y una rutina estándar destinada a las competencias internacionales o, en el futuro, a las olímpicas. Esta última, a la que en un principio se denominó “Taijiquan Combinado”, poseía 67 técnicas, pero debido al grado de dificultad de la misma y a su extensión total se desarrolló luego, a partir de ella, otra más simple que es la que se conoce como “Forma de 42 Técnicas” o “Secuencia de Taijiquan de Competición”.

No obstante, e independientemente de la cantidad de secuencias existentes, (que no son demasiadas, si comparamos
con otras Artes Marciales), todas se relacionan con uno o más de los Estilos Tradicionales, y sólo con ellos, técnica y estructuralmente. Este último tipo de relación tiene una enorme importancia en el aspecto terapéutico

Parte V

Que el Taijiquan posee virtudes terapéuticas, ya ha sido suficientemente demostrado. Para hacerlo se recurrió principalmente al método estadístico, ya que los métodos de laboratorio no permiten medir aquello que, de acuerdo a la Medicina Tradicional China, se equilibra en el cuerpo de los practicantes para mantener o recuperar la salud. Sin duda existen ciertos parámetros que sí son cuantificados, pero pueden y suelen ser asignados por la medicina escolástica occidental a cualquier otro factor, antes que a la práctica misma.

En el sentido de causa y efecto, podemos aceptar como cierta la teoría de la Medicina Tradicional China respecto a que la práctica del Taijiquan promueve o mantiene el equilibrio de las polaridades energéticas en el organismo; sin embargo el mecanismo a través del cual esto se produce queda en el campo de lo especulativo. La especulación es terreno apto para la incursión de los aventureros, los santurrones seudo místicos y los lunáticos, entre otros especímenes. Todos los que se dedican a la enseñanza y/o práctica seria del Taijiquan han tenido algún contacto con ellos y oyeron, unos con santa paciencia y otros con santa ira, las más disparatadas afirmaciones (ya que nunca lo presentan como elucubración propia).

De hecho, el Taijiquan es una disciplina eminentemente práctica, tanto en lo físico como en lo emocional e intelectual. Los monólogos especulativos frecuentes y prolongados en las clases, suelen ser el mejor método para distinguir a un Maestro verdadero de uno falso. Estos últimos suelen recurrir al parloteo inconducente para enmascarar su falta de verdadero conocimiento. Algunos de los que tienen la desgracia de inscribirse en las “clases” de estos personajes perciben rápidamente, sea a través de lo tediosas o delirantes que resultan las mismas, que eso no es lo que esperaban encontrar, y al poco tiempo se retiran o huyen despavoridos. Otros, los que permanecen con estos sujetos por largo tiempo, demuestran debilidad de carácter o pereza es decir, encuentran lo que buscaron: alguien que los justifique.

Es imprescindible diferenciar aquí la filosofía y la teoría de la mera especulación. El sustento filosófico y teórico del Taijiquan, cuyo estudio permite mejorar la ejecución misma de las secuencias, es dialécticamente el mismo, desde su origen, que el de la Medicina Tradicional China y es también, hasta donde la historia permite discernir, absolutamente chino. En los monólogos especulativos de los aventureros en cambio, veremos mezclarse alegremente términos y conceptos hinduistas, budistas, chamanistas y, en los casos extremos, “ovnistas”.

Incluso de buena fe, (mucho más aun de mala), se ha difundido la idea errónea que la base de las Artes Marciales Chinas y la mayoría de las disciplinas tradicionales de ese país, se originan en la India. Los chinos tienen una frase que sintetiza su pensamiento respecto al intercambio cultural que se produjo entre China e India recién a partir del siglo II de nuestra era: “Entregamos un gran durazno y recibimos, a cambio, una pequeña ciruela”. Cuando Bodhidharma (quien según ciertas tradiciones no sería de origen hindú, sino persa), llego al Shaolin, las Artes Marciales Chinas tenían un desarrollo históricamente comprobado de 1.600 años. Sin embargo, durante los monólogos especulativos de estos aventureros (muchos de los cuales incursionaron antes en el yoga “trucho”), es frecuente escuchar términos tales como “chakras”, “aura”, “karma”, “prana”, “kundalini”, “hira”, “pingala”, “sushuma”, “yoga chino” y otros. Si bien hace muchos años, cuando el Taichichuan era prácticamente desconocido en nuestro país, así como en el resto de los países occidentales, podía justificarse el utilizar ciertos términos a modo de comparación, hacerlo en la actualidad le quita la identidad propia que tanto costó que alcanzara. Por otra parte, una cosa es la comparación y otra muy diferente es la mezcla. La primera, aclarara, en tanto que la segunda solo puede confundir. En mi caso personal, que sirve para ejemplificar lo que sostengo, comparé en un libro escrito y publicado por mí en 1975, “por la coincidencia de fines y la similitud de métodos” al Taijiquan con el yoga. Algo muy distinto sería decir que el Taijiquan o el Qigong son formas de “yoga chino”. Esto sería como llamar al básquet “fútbol”, solo porque ambos se juegan con pelota.

Incluso si de especular se trata, y se me permite hacerlo, pienso que el mecanismo mediante el cual el Taijiquan moviliza y equilibra las polaridades de la energía es el de la atención sostenida sobre sí mismo. Esto es algo muy simple de decir, y a la vez muy difícil de ejecutar. La atención sobre sí mismo es sumamente evasiva, ya que es atraída constantemente por objetos externos y pensamientos o imaginación propios e internos. La atención sobre sí mismo depende de la intención, y no puede estar separada de aquello que se hace, se piensa o se percibe. Desde este punto de vista, el Taijiquan es una herramienta que ayuda u obliga a la atención sobre sí mismo, sobre nuestras percepciones y sentimientos, sobre los movimientos ejecutados, sobre el medio en que nos movemos, sobre la respiración o, (en el caso de las ejecuciones grupales), sobre el resto del grupo simultáneamente. El esfuerzo que exige esto no es del tipo mecánico, exige movilizar una gran cantidad de energía y, sí la que se tiene es insuficiente, el cuerpo la consigue de algún modo. Esto no proviene del vacío interior, sino del pleno. No es la no-acción budista, sino la acción taoísta, la pura práctica.

Parte VI

La práctica marcial del Taijiquan produce beneficios terapéuticos, pero la práctica terapéutica no capacita para la defensa personal, ni obliga al entrenamiento marcial. Sin embargo, ambas modalidades de práctica tienen como eje el aprendizaje y ejecución diaria de la/s secuencia/s técnica/s (Taolu), propia/s del Estilo, que no tendrán ningún tipo de diferencia, independientemente de la finalidad (marcial o terapéutica) del ejecutante.

Para que el Taijiquan pueda ser utilizado marcialmente, se deben realizar otros tipos de prácticas, casi todas con un oponente, entre las que podemos citar como principales: Tuishou (Empuje de Manos), que se presenta en dos formas: sin desplazamiento y con desplazamiento, y en ellas se aprende a coordinar los movimientos básicos de las manos con los cambios del peso (de pierna a pierna), los desplazamientos (si los hubiera), la rotación del torso, el control de la cintura, el aprovechamiento de los impulsos, el uso de la energía espiralada y la atención sobre el Tantien (espacio ubicado dos a tres dedos través por debajo del ombligo). Las maniobras utilizadas en Tuishou son golpes, palancas, empujes y lances, destinados a impactar o hacer perder el equilibrio al oponente, y bloqueos o esquives para a evitar sus intentos de ataque. Este trabajo no es secuenciado, es decir, cada técnica aplicada es elegida libremente por los oponentes de acuerdo a su necesidad o conveniencia.

El Taijiquan Duilian (Ejercicio Antagónico), en cambio, es una secuencia (Taolu) para ser realizada entre dos practicantes enfrentados, en la que cada ataque de uno se corresponde con la defensa del otro y viceversa. Los ejecutantes deben aprender ambos lados de la secuencia y el entrenamiento está destinado a lograr cada vez mayor coordinación entre ellos, y el incremento de la velocidad de ejecución sin sacrificio de la técnica.

Si bien ambos métodos de trabajo permiten conocer aplicaciones de algunos de los movimientos de cada Taolu, no los incluyen a todos, ni tampoco incluyen todas las posibilidades marciales de cada técnica. Esto último no es posible de ningún modo, ya que la mayoría de los movimientos incorporados en las secuencias tienen más de una aplicación, y muchas de ellas son realmente destructivas como para finalizarlas.

Fuera de las formas de trabajo antes citadas, es fundamental el conocimiento y la práctica de la mayor cantidad posible de aplicaciones de cada técnica contenida en la/s secuencia/s del Estilo aprendido. Cada aplicación debe ser repetida de izquierda y derecha, a fin de condicionar los reflejos para reaccionar con velocidad a cada ataque. Este método de entrenamiento es similar a los de otras Artes Marciales, como el Ipon Kumite de Karate, o el Ipuji de Kung Fu.
Obviamente, quienes enseñan Taijiquan como Arte Marcial deben conocer estas formas de trabajo y la mayor cantidad de usos marciales de cada técnica.

El conocimiento de por lo menos una aplicación de cada técnica, por parte de todos los practicantes, independientemente de la finalidad de cada uno:

1) Da sentido (dirección) a los movimientos de las mismas;
2) Evita las “acciones en bloque”, la “fluidez” y la “flojedad (ver Parte I de estas notas);
3) Permite conocer las variaciones de velocidad de las partes componentes de cada técnica. Su desconocimiento en cambio facilitan el olvido, la confusión y la paulatina alteración de los movimientos.

Si bien el conocimiento de las aplicaciones no mejora a ningún mal profesor, el mayor problema al que se enfrentan los buenos profesores de Taijiquan que desconocen el tema es que, al momento de explicar dicho desconocimiento deben utilizar el mismo argumento que los aventureros: “Yo lo enseño sólo con una finalidad terapéutica”.

Para colmo, algunos de los aventureros más conspicuos que han superado ese argumento “enseñan” un Duishou que no pasa de ser un simple y ridículo manoteo imitativo e inconducente y algunas “aplicaciones” inventadas. Entre éstas, si bien existen técnicas sumamente obvias que no les presentan un gran desafío a su imaginación, hay otras (la mayoría), cuya finalidad marcial es difícil de reconocer hasta para un verdadero practicante.

Inclusive, algunas de las técnicas de Taijiquan tienen la particularidad que, separadas de las demás, poseen sus propias aplicaciones, pero unida a otra, que también posee las propias, producen aplicaciones totalmente diferentes. Dentro de las secuencias, estas técnicas suelen encontrarse ordenadas para lograr esa finalidad. Este es el caso de las técnicas Tuibu Chuanzhang y Xubu Yazhang (fotos 3, 4 y 5) que acompañan esta nota y que forman parte del Taijiquan Jingsai Taolu, que unidas permiten su aplicación para una palanca sobre el codo (Fotos 1a hasta 4a), o una palanca sobre el hombro con lance .

Parte VII

La mayoría de las ramas del Wushu, utilizan dos tipos de armas: Las naturales y las no naturales. Las primeras son aquellas que forman parte del cuerpo del practicante y, si bien todo el cuerpo de un artista marcial es un arma en potencia y debe ser entrenado como tal, ciertas partes del mismo se asimilan más a la idea lógica que podemos tener de un arma natural: la cabeza, los hombros, los codos, las muñecas, las manos, las caderas, las rodillas, la ante pierna y los pies.

Las armas no naturales son aquellas que no pertenecen al propio cuerpo y que dependen para su uso, del desarrollo de la habilidad del usuario. Están destinadas a incrementar el alcance y la contundencia de quien las utiliza y se las denomina Tradicionales, por ser las que ya se utilizaban en la época en que se desarrollaron las Artes Marciales y las que surgieron, por modificación, a partir de ellas. Se descartan las mecánicas, las de fuego y las arrojadizas.

Históricamente, todas las armas mencionadas derivan sólo de dos: el cuchillo y el palo (garrote). El primero dio origen a todas las de corte, ya sea mediante el aumento de tamaño y/o la modificación de la forma (cuchillos, dagas, espadas, sables, etc.). El segundo, con pocas modificaciones salvo las de tamaño, a todas las contundentes (bastones). La unión entre ambos tipos de armas produjo las mixtas (lanzas y alabardas).

A partir del uso en defensa personal, de elementos utilizados en la vida diaria, aparece un cuarto grupo de armas a las que llamamos especiales. En este grupo entran las herramientas (hachas, rastrillos, hoces, guadañas, horquillas, martillos, palos articulados, sogas con ganchos o contrapesos, etc.), elementos de uso diario (palillos de comer, cinturones, abanicos, peines, etc.), y partes del mobiliario o elementos de la casa (bancos, sillas, escobas, elementos de la vajilla, etc.). Como se ve en este grupo entran armas que por definición podrían ser catalogadas en otro grupo, como las hachas, que podrían ubicarse en el tercero las de mango largo y en el primero las de mango corto o los martillos, que pueden ser catalogados en el segundo grupo, etc.

Existen otras formas de clasificación de las Armas Tradicionales del Wushu, además de la anterior, a saber:
Por su tamaño: a) Cortas (cuchillos, dagas, bastones cortos, etc.); b) Medianas (espadas, sables, bastones medianos, etc.); c) Largas (lanzas, alabardas, bastones largos, etc.); d) Especiales (bastones articulados, látigos, cadenas, sogas con objetos pesados, punzantes o cortantes en uno o ambos extremos, etc.).

Por tradición: 1) Armas base; 2) Otras armas. Las Armas Base son cuatro: Jian (espada recta, simple, de doble filo); Dao (sable de curvatura mediana y ancho mayor hacia el tercer cuarto anterior de la hoja); Gun (bastón de igual o mayor largo que la altura del usuario); Qiang (lanza de punta corta y doble filo, e igual o mayor tamaño que la altura de usuario). Todas las demás armas entran en el segundo grupo.

Para competición: debido a la enorme variedad de armas existentes y con el objeto de disminuir la cantidad de categorías, suelen utilizarse algunas de las dos últimas clasificaciones o alguna otra determinada por los organizadores de la competencia. En Wushu Oficial se utilizan sólo seis categorías: Jian, Dao, Gun Qiang, Nandao (sable sureño) y Nangun (bastón sureño); no existe categoría para otras armas.

Las técnicas de cada arma están ligadas a su estructura. Sin embargo en los torneos se presentan a menudo competidores con un tipo de arma, pero ejecutan movimientos correspondientes a otra diferente; los movimientos se tornan entonces francamente ridículos. Esto se ve con frecuencia en las categorías de armas especiales, cuando alguien que consiguió o fabricó alguna de dichas armas, no conociendo ninguna secuencia de la misma, trata de “adaptar” la de otra similar. Quienes entienden del tema, habrán oído o hecho en los torneos comentarios de este tipo: “Aquel competidor anda a los sablazos con una espada”. Independientemente del Arte o Estilo que se practique, una espada siempre es una espada y un sable siempre es un sable.

En Taijiquan se utilizan las cuatro armas base y también otras armas; sin embargo solo existen secuencias (Taolu) correspondientes a nueve armas: Jian, Dao, Gun, Qiang, Shuangjian (Doble Espada), Shuangdao (Doble Sable), Guandao (Halabarda), Shan (Abanico) y Shuangshan (Doble Abanico); las dobles las consideramos como armas diferentes de las simples. Dichas secuencias se nombran con el término Taiji unido al nombre del arma, y precedido por el nombre del Estilo, por ejemplo: Chenshi Taijishan (Taiji de Abanico del Estilo Chen). Las secuencias de Taiji con armas tienen ciertas características que les son comunes, y si bien dependen del arma utilizada, en general podemos decir que sus técnicas son más veloces, más fuertes y más definidas que las de Taijiquan, y tienen también cambios de velocidad más frecuentes. Estas diferencias entre las secuencias con armas y las secuencias sin ellas se hace menos evidente en el caso del Estilo Chen. Todas las técnicas son absolutamente aplicables.

Si bien es poco frecuente ver practicantes de taijiflan realizando secuencias con armas, cuando las utilizan les incorporan la “fluidez” y flacidez típica de esa modalidad, acentuando tales defectos por el uso del arma, independientemente de cual se trate.

Parte VIII

El Taiji con armas no es más ni menos Taiji que el Taijiquan; se encuentra regido por las mismas leyes que el de manos vacías y puede ser ejecutado tan bien, o tan mal como este. También puede ser practicado como Arte Marcial o sólo por sus virtudes terapéuticas.

Desde el punto de vista físico las secuencias con armas son más exigentes. En el aspecto técnico, el arma agrega un objetivo extra para la atención del practicante, y la posibilidad de que se vea tentado a centrarla excesivamente en ella. Cuando sucede esto, el arma se transforma en un fin, y sus movimientos se ven separados de los que el cuerpo realiza; cuando ese error se produce en un torneo, los jueces decimos que el competidor que lo comete “se transformó en el arma”. Sin embargo, el error más frecuente en Taiji con armas es absolutamente opuesto al anterior. En ese caso, el arma carece por completo de movimientos propios y se desplaza sólo porque el cuerpo se desplaza; es el típico error de los practicantes de “Taijiflan”. Cuando un competidor realiza la forma de esa manera en un torneo, los jueces decimos que “olvidó el arma en casa”.

Cada técnica de cada arma de Taiji puede ser aplicada contra un arma igual, contra una diferente, o contra un adversario desarmado.

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